Columna de Opinión en Diario Austral de Temuco.

Por José Miguel Martabid, Empresario Inmobiliario.

Como un activo y orgulloso empresario de la Araucanía, a días de elegir un inédito órgano para redactar una nueva Constitución, quiero expresar mi compromiso de seguir aportando al crecimiento del país y las regiones, independiente de los 164 constituyentes que resulten electos (incluyendo los 18 constituyentes de pueblos originarios).

Considero equivocado siquiera plantearse dejar de invertir, porque más que nunca es el momento de defender públicamente los principios en que creemos y el aporte que hacemos.

La convención constituyente es el espacio para aquello, aunque no el único. Vivimos en un territorio donde el 33,5% de los habitantes pertenece al pueblo Mapuche. A la vez, lideramos el triste récord de ser la región más pobre de Chile. Aunque la tasa de pobreza ha caído desde un 48% en 2006, a un 17% el 2017, aún hay mucho por hacer. Y hoy tenemos esa oportunidad. 

Las crisis son cíclicas y cada cierto tiempo las naciones enfrentan el desafío de repensar su convivencia. De hecho, las constituciones se escriben en épocas turbulentas.

Debemos consagrar el reconocimiento constitucional de los pueblos indígenas, el fortalecimiento de la institucionalidad del Estado y las mejoras en representación de los pueblos originarios, no sólo como “cupos reservados”, si no como protagonistas en todas las áreas de la discusión pública y privada. 

Chile como República nació en 1810. Mientras La Araucanía, se anexó al territorio nacional, setenta años después, en un retraso que pareciera sigue persistiendo en el tiempo.

Por tanto, nuestra región requiere un gran “Plan Marshall”, considerando el retraso en todo lo que se refiere a infraestructura para el desarrollo; como caminos, embalses, agua potable rural, entre otros. 

LLevamos 20 años dedicados a la construcción de viviendas para todos los sectores sociales en Empresas Martabid. No nos conformamos con construir casas, queremos generar hogares donde impere la rentabilidad social, la industrialización, la sustentabilidad (preocuparnos de la huella de carbono que emitimos y no tranzarla en el mercado), el impacto en la comunidad y la creación de barrios integrales.

Porque también toca a los empresarios pensar en el futuro de aquellas familias que se deben desplazar horas para ir a trabajar, asistir al colegio o capacitarse en un centro comunitario. 

Como empresarios debemos pensar en dónde nos situamos y nuestro rol para aportar a La Araucanía y al país. Ojalá pasemos de una economía lineal,  basada en el “úselo y tírelo”, a una circular, donde todo desecho puede reconvertirse en algo mejor. 

 El desafío es grande, pero nuestro compromiso con Chile y la tierra que nos ha dado todo, debe serlo también.

No hay mejor momento que el actual para ponerle el hombro y echarle pa’ delante. Porque las dificultades no son el fin del mundo, en este caso es el comienzo de uno nuevo. 

 

Por Jose Miguel Martabid

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Por José Miguel Martabid, Empresario Inmobiliario.

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